The London we knew

por letivilasanjuan

“Go where we may, rest where we will,

Eternal London haunts us still.”

Thomas Moore

Pronto hará dos años que no piso Londres. Dos años desde aquel frío jueves en que aterricé armada con una maleta de mano (a la espera de que otra de 40 kg llegara pronto) y tardé tres horas y media en hacer un recorrido que debería haberme llevado un cuarto de hora.

La sola idea de volver me emociona y aterroriza a partes iguales. Ya lo dijo Sabina, que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Y pese a ello me descubro mirando vuelos, planeando escapadas, analizando las ofertas de trabajo. Siempre hay algo que me frena en el último momento, y lleva frenándome ya casi 24 meses.

Sé que es la cuidad de ciudades, y que ahí reside una gran parte de su encanto. Que The Breakfast Club ya es mainstream, que Hackney definitivamente es el nuevo Camden y que King’s College ha inaugurado el Virginia Woolf building en Kingsway. Que la mitad de estas cosas que escribí ya deben estar obsoletas.

Cuando alguien me pide recomendaciones al hacer una escapada, me siento como una abuelita orgullosa. Emocionada, recorro con la mente y el teclado los lugares donde pasé horas contemplativas, excitantes y también las calles donde me liberé del tedio y alguna preocupación dando largos paseos. Me consuela pensar que hay cosas que no cambiarán, que Brick Lane seguirá estando ahí, con su pequeña librería, que la gente se escapará en peregrinaciones a Hampstead Heath cuando asomen los primeros rayos de sol cálido. Enric González dice que Londres no puede someterse a antropomorfismos, y probablemente tenga razón.

En el fondo, que vuelva o no es irrelevante. Seguirá siendo capital de imperios, imparable, incesante. Seguirá viéndonos volver a ella como se vuelve a una antigua amistad; reticentes primero, aliviados después para finalmente abandonarla de nuevo con la sombra de la decepción del tiempo perdido. Londres seguirá girando y a su alrededor pasarán tantas cosas, tanta gente, que el rastro de quienes la habitamos con adoración durante aquel gélido 2013 ya hace tiempo que se borró.

Claude Monet, The Thames below Westminster, 1871

Claude Monet, The Thames below Westminster, 1871

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