Where dreams are made up

por letivilasanjuan

Hace ya casi un mes que entramos en el 2015. Atrás quedaron las listas de nuevos propósitos, superamos el ‘Blue Monday’, aparentemente el día más deprimente del año, entramos con más o menos ganas en la cuesta de enero.

Antes de embarcarme hacia Nueva York me entregué a dos de mis listas: la de películas que transcurrían en Nueva York (desde Manhattan hasta Begin Again, pasando por la deliciosa Frances Ha) y la de novelas sobre (y en) Nueva York. La logística navideña me impidió terminarlas, pero tuve un vuelo de ida más agradable gracias a las geniales Historias de Manhattan, de Louis Auchincloss.

Si una cosa tienen las listas es que generan expectativas: de cumplirlas, de poder tachar sus elementos con la satisfacción del deber hecho, de poder visitar todos los lugares cuidadosamente anotados. Yo quería que Nueva York me entusiasmara tanto como me esperaba, deseaba que fuera como lo era en mi imaginario. Y gran parte del tiempo así fue (si algo sentí con certeza respecto a -sobre todo- Manhattan, es que realmente ‘es igual que en las películas’). Compré los libros que quería comprar y me hice fotos en los sitios que tenía que visitar, los que había recorrido con mis padres hacía ya tantos años.

Pero también tuve maravillosos imprevistos. A Nueva York se le llama la capital del mundo porque lo es de prácticamente todo. Es también la capital de la edición, ese fascinante mundo en el que se engendran los bienes (para mí) más preciados, los libros. Tuve ocasión de entrar en el emblemático Flatiron Building, sede de todos los sellos del grupo Macmillan, y también de visitar las impresionantes oficinas del gigante editorial Penguin Random House, tal como expliqué aquí.

A mi vuelta, el 8 de enero (como siempre, con retraso), entre turbulencias y películas de avión redacté mis propósitos y deseos, que al día siguiente ya había olvidado. Ya lo escribí hace un tiempo, adoro hacer listas de toda clase a pesar de que siempre termine por perderlas. Antes de irme tenía pensada una entrada que escribiría sobre algunas de las cosas que más me habían gustado de 2014, pequeños descubrimientos que ya han quedado obsoletos.

Principios de febrero es casi tan bueno como principios de enero para desear que este año nuevo que acabamos de empezar sea prometedor, lleno de lecturas y de esperanzadores hallazgos, como lo ha sido para mí el leer la poética e inclasificable novela de la americana Jenny Offil, Dept of Speculation. Que no dejemos de descubrir libros.

Dept. of Speculation, Vintage, 2014

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